viernes, 13 de junio de 2014

¿Qué es la Historia Moderna?


Las etapas y los periodos históricos son artificios creados por la tradición para mantener la narración histórica como un desarrollo progresivo y lineal, desde el pasado más remoto hasta el presente. Dicha narración tiene un ritmo, marcado por la división en edades. Dicha división otorga un interés mayor por el cambio y concede importancia a fenómenos o acontecimientos que son valorados desde intereses actuales, buscando precedentes. Esto lo conocen mejor los medievalistas que los modernistas. La narración lineal es una novedad introducida en el siglo XVII, reemplaza a una tradición anterior que concebía el paso del tiempo como un movimiento circular. Esta concepción se suele atribuir a un profesor de la universidad de Halle, Cristobal Zeller, más conocido por la versión latinizada de su apellido, Cellarius. 

En su obra Historia medii aevi a temporibus ConstantiniMagni ad Constantinopolim a Turcis captam (Zeitz 1688), se propuso historiar sólo un fragmento de la Historia, el tiempo de la barbarie del latín, Medii Aevi, situándolo como un valle entre dos cumbres de pureza y elegancia, la edad Antiqua y la Nova, la primera etapa se extinguía con Constantino el Grande y la segunda comenzaba con la toma de Constantinopla por los turcos. La concepción de Cellarius nacía de una descripción práctica, pedagógica, también implica una progresión, donde sustituye la idea de ciclo, de espacios históricos cerrados, por la idea de avance hacia la novedad. Como subrayara el profesor Tierno Galván en un casi olvidado ensayo "la perfección de esta idea se manifiesta cuando la expresión nova se substituye por moderna" .
El adjetivo Nova, empleado para el tiempo al que se consideraba contemporáneo, no es patrimonio exclusivo de Zeller, sino que forma parte de la idea ampliamente difundida a partir del siglo XVI de vivir un tiempo nuevo. Los humanistas y los hombres del Renacimiento, desde que Petrarca se refiriera a los tempi oscuri de la "barbarie" del latín y el surgimiento de la luz de los studia humanitatis, usaron categorizaciones y conceptos parecidos para verse a sí mismos como modernos, ya que volvían a los antiguos superando lo medieval, pero con el tiempo se llegó también a superar el 'paralelo' igualitario entre la primera y la tercera edad, trazándose la originalidad y la superioridad de los tiempos nuevos en la famosa querelle entre "Antiguos" y "Modernos". Lo nuevo, lo moderno apuntado por Cellarius, formaba ya parte de una visión del mundo ampliamente generalizada, ochenta años antes, Luis Cabrera de Córdoba, en un curioso escrito sobre el qué y el porqué de la Historia, dividía esta en dos edades separadas y sucesivas, antigua y nueva, cuya divisoria es confusa pues la edad nueva según él, apenas acababa de comenzar mientras que el fin de la antigua abarcaba "hasta llegar no lexos de nuestros tiempos" . Diez años antes de la publicación de la Historia medii aevi, Du Gange había marcado los criterios por los que iba a crear la clasificación de los tiempos históricos contenidos en la obra, el latín y la distinción del uso y el conocimiento de los tiempos oscuros de la barbarie del latín a las "bonae litterae" de la edad nova inaugurada por los humanistas . De esta forma los historiadores de los primeros tiempos modernos se reunieron en torno a la conciencia de una pretendida novedad histórica hasta hacer de ella una de sus características, por así decirlo, programáticas, aunque la crítica haya puesto de manifiesto lo impropio de sus juicios sobre la Edad Media en todos los aspectos, especialmente en el de la relación con la cultura antigua .
Así, desde un principio, observamos que en el afán por periodizar está unido a dar dirección al pasado. La división helenística de los cuatro Imperios o Monarquías, que se suceden en un ciclo, o la descripción del libro de Daniel tomada de esa idea, también fue recuperada en el siglo XVI por Sleidan, el historiador de Carlos V cuyo De quattuor monarchiis, tuvo mucha difusión en la Alemania reformada como esperanza abierta al futuro, un porvenir trascendental regido por la voluntad divina que fue reemplazando a los imperios asirio, persa, griego y romano preparando la llegada inexorable del tiempo nuevo que sería Quinto y definitivo imperio . Pero, esta división de la historia no fue la que triunfó en los ámbitos intelectuales sino que fue patrimonio de los movimientos mesiánicos y de los discursos confesionales. La diferencia establecida por Cellarius respecto a estas particiones era el criterio lineal, progresivo, no finalista. Cellarius "creó" la edad Moderna a partir de conceptos e ideas preexistentes, y de las tres edades por él enunciadas es precisamente la tercera, la moderna, la que dá sentido a todo, lo moderno es nuevo, supera lo anterior, lo mejora y no hay regreso al origen adánico de la humanidad. Los tiempos modernos, nacián de la mano de la recuperación de la civilización clásica grecolatina y de la innovación, la apertura de nuevos horizontes geográficos, la nueva dimensión del mundo, los cambios en el arte de la guerra, la imprenta, la reinterpretación del cosmos… Continuidad y cambio al mismo tiempo, sin vuelta atrás. Eso ha caracterizado la Edad Moderna desde que fue concebida. Lord Brolingbroke, lo definió con una sola frase "a point of time at which you stop, or from which you reckon forward".

 

Lecturas

Vol. 23, No. 4 (Oct. - Dec., 1962), pp. 550-557.

 Leopold von Ranke, Sobre las épocas en la Historia Moderna, ed. Dalmacio Negro, Editora Nacional, Madrid 1984.

Johan Nördstrom, Moyen Âge et Renaissance. Essai Historique, Librarie Stock, Paris 1933.